En nuestro caminar como Iglesia, encontramos rostros concretos que nos hablan del sufrimiento de tantos hermanos y hermanas que buscan, a veces de manera equivocada, aliviar dolores profundos, vacíos del corazón, heridas familiares, soledades y falta de oportunidades. Entre estas realidades, el consumo de sustancias psicoactivas se presenta hoy como un desafío que toca de cerca a nuestras comunidades, en sus diferentes etapas de vida.
No podemos acostumbrarnos a este dolor ni mirar hacia otro lado. Como nos recordó insistentemente el Santo Padre Francisco, cada persona atrapada por las adicciones conserva intacta su dignidad de hijo amado de Dios y necesita encontrar comunidades capaces de acoger, escuchar, acompañar y sembrar esperanza.
Por esta razón, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico de Drogas, que celebramos cada 26 de junio, queremos invitarlos a unirnos como Iglesia Arquidiocesana en una jornada de reflexión, oración y compromiso, inspirada en tres gestos sencillos, pero profundos:
Sensibilización:
Abriendo los ojos y el corazón para reconocer esta realidad presente en nuestros barrios, familias y comunidades. Conocerla sin prejuicios, con la mirada compasiva de Jesús, valorando también el trabajo pastoral que tantas parroquias y agentes vienen realizando silenciosamente en favor de quienes más sufren.
Oración:
Elevando al Señor nuestra súplica confiada, especialmente en la celebración eucarística del próximo domingo 21 de junio. Pongamos en el altar la vida de quienes padecen la esclavitud de las drogas y la de sus familias, que muchas veces cargan este sufrimiento en silencio. Pidamos al Espíritu Santo que sane las heridas, fortalezca la esperanza y nos conceda la sabiduría necesaria para responder como Iglesia a los desafíos de nuestro tiempo.
Acción solidaria:
Saliendo al encuentro de quienes viven esta realidad, sin juzgar, sin excluir, sin cerrar las puertas. Ser comunidades que escuchan, acompañan y ofrecen caminos de reconciliación y de vida nueva. Que nuestras parroquias sean verdaderos hogares donde cada persona pueda experimentar la ternura de Dios y descubrir que siempre es posible volver a empezar. Los invitamos también a fortalecer y apoyar la Red Arquidiocesana de la Pastoral de Adicciones, expresión concreta de nuestra misión de cercanía y servicio.


